viernes, 3 de febrero de 2017

Carranza y el Telegrama Zimmermann




Hace poco se cumplieron 100 años de un hecho que pudo cambiar la historia de México y del mundo, pero que no lo hizo: el Telegrama Zimmermann.

En esos tiempos, en Europa se desarrollaba la Gran Guerra, y aquello parecía un empate entre la Entente y los Imperios Centrales. Se habían sucedido grandes carnicerías… digo, batallas, como las de Verdún y el Somme, decenas de miles de muertos en las trincheras.

La balanza parecía inclinarse ligeramente hacia los alemanes, que hubieran podido obtener una paz ventajosa, pero se engolosinaron. Los Imperios Centrales creían que podían ganar la guerra en menos de un año, si evitaban que Estados Unidos entrara a favor de la Entente.

Don Arthur Zimmermann
En EU, la mayor parte de la población era neutral, así como el presidente Wilson. A favor de la Alianza, sólo estaban las ciudades del Este.

Los alemanes calcularon que EU no podría enviar tropas a Europa si la Gran Guerra se extendía a su territorio. Los súbditos del Kaiser pensaron en un distractor, y ese distractor era México.

Arthur Zimmerman, ministro alemán de Exteriores, tuvo la idea de proponer a México una alianza con el Imperio y puso manos a la obra. El 16 de enero de 1917 envió un telegrama cifrado a su embajador en México, el conde Heinrich von Eckardt.

Uno ve el Telegrama Zimmerman y todo lo que encuentra son series de números; cada uno de ellos era una clave.

En el telegrama, Alemania proponía a México una alianza para hacer juntos la guerra, y ofrecía “abundante ayuda financiera”. También incluía que “México ha de reconquistar el territorio perdido en Nuevo México, Texas y Arizona”. Los detalles del acuerdo germano-mexicano quedaban a discreción del embajador von Eckhardt.

Se dijo que Carranza, al enterarse, comisionó un consejo para verificar la autenticidad del telegrama. También, que el Barbas de Chivo pidió a sus comandantes analizar el proyecto (digo, recuperar Texas suena bonito). Además, las tensiones con EU eran grandes; los de la Expedición Punitiva contra Villa habían fracasado… y, para colmo, las tropas yanquis se habían enfrentado a las Constitucionalistas en la batalla de El Carrizal.

La respuesta de los carranclanes fue que sí y que no. Que el telegrama sí era auténtico y que no convenía prestarle atención.

Es que, en esos tiempos, aunque los Constitucionalistas tenían las de ganar en la Revolución, no era cosa segura. Los Convencionistas aún no estaban derrotados. Pancho Villa daba guerra en el norte, y Emiliano Zapata en el Sur. En esas condiciones, si no controlaba bien a bien el país, ¿para qué iba Carranza a meterse a una guerra con Estados Unidos?

Por otra parte, el Telegrama Zimmermann fue interceptado por los ingleses, que lograron desencriptarlo y descifrarlo. Se dice –yo no sé nada de computadoras- que ese desciframiento marcó un paradigma en la historia de la informática. Tras haberlo descifrado, el gobierno británico decidió que había que mostrárselo al de Estados Unidos, para que se uniera a ellos.

El New York Times, con la noticia-bomba
Cuando los gringos se enteraron una de las primeras cosas que hicieron fue romper relaciones con los teutones.

Una de las segundas cosas que hicieron los gringos fue ponérsele al brinco a don Venustiano. Le pidieron que rompiera con Alemania, bajo amenaza de guerra.

Cuando Carranza les dijo que no, le soltaron lo del Telegrama Zimmermann. Entonces el Barbas de Chivo les dio una buena respuesta: “el telegrama, si existe, es de Zimmermann, no nuestro”. México no rompió con Alemania, y se mantuvo neutral en la I Guerra Mundial.

El presidente Wilson hizo público el contenido del telegrama. El resultado: la desaparición de la neutralidad y la germanofilia.

Nosotros, los mexicanos de a pie, la verdad no teníamos idea de lo que estaba pasando.  Recibíamos noticias de la guerra a través de dos periódicos rivales: El Universal, pro-Entente y El Demócrata, pro-Imperios. Era tan evidente que aquellos diarios hacían propaganda que había que leer los dos para tener una idea vaga de cómo iban las cosas.

El 1º de marzo de 1917, El Universal soltó la bomba con la noticia del telegrama. Uno leía y no daba crédito.

Al otro día, El Demócrata respondió, tildando al diario rival de amarillista. No había confirmación de Relaciones Exteriores.

En los primeros días de marzo todos jugaron al Tío Lolo. Von Eckhardt no sabía nada; la cancillería, tampoco. Pero Zimmermann confesó. Había enviado instrucciones para hacer una alianza, pero sólo si EU declaraba la guerra a Alemania.

El Demócrata hizo una machincuepa y acusó a EU y a El Universal de dar la noticia sin el contexto correcto.

El caso es que el Telegrama sí existía, y la gente, que ya sabía lo que era eso, estaba harta de guerras.

EU entró a la guerra a favor de los Aliados, en abril de aquel 1917. El Universal no publicó nada: su director estaba en la cárcel y el diario no circulaba. La razón por la que ese diario dejó de salir y Palavicini fue a dar al bote fue un artículo contra el Ejército Constitucionalista… dicen.

En ese mismo mes, una semana después, Carranza le dijo a los alemanes que muchas gracias por el ofrecimiento, pero no.

Gracias a la intervención decisiva de Estados Unidos, la Entente derrotó a los Imperios, vino el Tratado de Versalles… y con los términos económicos ominosos de Versalles se gestó el huevo de la serpiente del nazismo.

Pero esa es otra historia…

Y aquí les pregunto: ¿ustedes qué hubiera hecho?




viernes, 13 de enero de 2017

Las glorias de Mantequilla Nápoles



Les contaré la historia de uno de los deportistas eliminados en el torneo para escoger al #MejorDeportistaDeMéxicodeTodosLosTiempos, Mantequilla Nápoles, organizado por mí como divertimento tuitero de fin de año.

José Ángel “Mantequilla” Nápoles era un boxeador cubano que llegó al profesionalismo más o menos al mismo tiempo que Fidel Castro llegó a La Habana. El régimen de Fidel prohibió el boxeo de paga, así que Mantequilla se vino a México a continuar su carrera, manejado por Cuco Conde. Inició su estancia en México con una retahíla de triunfos.
Ultiminio Ramos

Con Mantequilla llegó otro gran boxeador, Ultiminio Ramos.  Muy pronto, Mantequilla y Ultiminio se nacionalizaron mexicanos, y como tales disputaron sus peleas.  El primero se convirtió en ídolo de la afición.

Ultiminio también llegaría a ser campeón mundial (de hecho el campeón destronado, Davey Moore, murió cuatro días después de ser noqueado por el cubano-mexicano), y perdió su título ante un connacional, Vicente Saldívar “El Zurdo de Oro”. Lo interesante es que, en esa pelea, más aficionados estaban con Ramos que con Saldívar.

A Nápoles le apodaron “Mantequilla”, por su facilidad para esquivar a los rivales, a quienes se les escurría. Al mismo tiempo, tenía una enorme capacidad noqueadora.

Estamos hablando de la época en la que los grandes eran boxeadores con punch, no meros fajadores como hoy abundan.

Bajo las órdenes de Cuco Conde, Kid Rapidez y Angelo Dundee, Nápoles despachaba a un rival tras otro. Era espectacular. Mantequilla era, antes de ser campeón, el mejor boxeador ligero del mundo, y los aficionados mexicanos al pugilato lo adoraban. Pero le tenían terror y no le daban chance de disputar el título. Para los que éramos fanáticos de Mantequilla, la situación era desesperante. No quiero imaginar cómo era para él.

Mantequilla Nápoles tuvo que subir de peso para disputar un cinturón. Lo hizo como welter, en 1969, ante Curtis Cooke, a quien le dio una felpa. Estamos hablando de tiempos en los que sólo había un título mundial por categoría: el AMB-CMB. No como ahora, que hay chorromil asociaciones.

El cubano-mexicano tuvo 14 defensas exitosas de su título, durante 6 años. También intentó ser doble campeón: welter y mediano.

La pelea por el título mediano, contra el argentino Carlos Monzón, fue de antología. Una batalla entre dos gigantes.  La batalla Monzón-Nápoles en Puteaux, Francia, organizada por el actor y mafioso Alain Delon, inspiró al gran cronopio Julio Cortázar a un cuento: “La Noche de Mantequilla”, que pueden leer aquí.

El combate Monzón-Nápoles
Por cierto, el cubano-mexicano perdió, porque el tramposo de Monzón –un tipo capaz de aventar a su esposa desde el balcón- le metió el pulgar izquierdo en el ojo, a la altura del sexto round. Monzón salió de esa batalla severamente golpeado. Nápoles, con el rostro destrozado. Pero se recuperó y defendió con éxito su cinturón welter.

En diciembre de 1975 Mantequilla perdió su título en la Plaza de Toros México, ante el norteamericano Stracey, ese mismo día se retiró.

Actorazos e ídolos de la afición
La fama de Mantequilla en su tiempo era tan grande, que se convirtió en compañero de aventuras cinematográficas de El Santo. En el feroz enfrentamiento entre el luchador y el boxeador con la Llorona, Mantequilla logró ser casi tan inexpresivo como el Enmascarado de Plata, y eso que no tenía máscara.

Según el ranking de boxeadores de todos los tiempos de ESPN, Mantequilla es el Nº 32; el segundo mexicano, sólo detrás de Julio César Chávez.

Actualmente, Mantequilla Nápoles vive en Ciudad Juárez, en la pobreza, con demencia pugilística, producto de los golpes recibidos.

Pero, a ver, díganme, ¿quién puede presumir haber sido coestelar fílmico con El Santo y también personaje central de un cuento de Julio Cortázar? Sólo un ídolo con aspiraciones de inmortalidad.