viernes, 11 de abril de 2014

Susanadas 2014 (I)



Como va siendo costumbre, presento una antología personal de mis tuits. Mi terror a que algún investigador del futuro caiga a mi TL y haga una selección a su leal saber y entender (es decir, a lo tonto) linda ya en la paranoia. Estos corresponden al primer tercio de 2014.

Filosofía elemental

Propósito de Año Nuevo. No tomar durante seis meses de este 2014. Así es. Tomaré un día y sí y otro no.

Me pregunto si a mis fologüersitos les alcanzó el carbón que les trajeron los Reyes Magos, Ojalá. Hace frío.

Si algo cuesta un güevo, señores, no lo compren. Luego no van a poder caminar del dolor.

Uno de cada 115 millones de mexicanos es más viejo que yo. Se llama Xavier López.

Si hubiera yo resistido a Baco, tabaco y Venus como he resistido a la tentación de Facebook, tendría ahora una salud de hierro.

Mañana debo ir al fígaro a que me remodele el bigote. Parezco vulgar zapatista.


Stalin, Mella y los OXXOs

Un 10 de enero de 1929, el revolucionario cubano Julio Antonio Mella caminaba por la calle de Abraham González. Viviría pocos minutos. Mella iba acompañado por la fotógrafa italiana Tina Modotti. Fue balaceado dos veces cuando estaba por llegar a la esquina de Morelos. Los vecinos señalaron que un hombre acompañaba a la pareja y fue quien disparó. Era Vittorio Vidali, agente de Stalin.

José Antonio Mella
Mella, fundador del Partido Comunista Cubano, estaba refugiado en México, y había chocado con la línea del Comintern. En contra de los testigos presenciales, Tina Modotti dijo que fueron atacados por un extraño. También tuvo otras contradicciones. Entre otras, que Mella la llevaba tomada con su brazo izquierdo. Imposible, el cubano era un caballero y una dama no va del lado de la acera.

Como la desobediencia de Mella a Moscú pasaba por crear sindicatos independientes en México, la policía local habló de asesinato pasional. Para mí está muy claro que la famosa Tina Modotti "puso" al joven Mella para que el sicario de Stalin lo ajusticiara.  En la esquina de Morelos y Abraham González hay una placa en el lugar exacto donde cayó Mella. Ahí había un bar que yo frecuentaba.

El viernes por la noche pasé junto a donde mataron a Julio Antonio Mella. Ya no está un bar ahí, hay un Oxxo. ¡Qué plaga! Pronto habrá un Oxxo en el Palacio de Iturbide, Oxxo en la Casa Azul, Oxxo en la Casa de las Brujas, Oxxo en el Cárcamo de Chapultepec...

20 años no es nada

Hace 20 años, a muchas buenas conciencias las enamoraron el subcomandante y su Ejército Zapatista. A los intelectuales que querían el Nobel literario para Marcos les decías que era un cursilón, y de reaccionario salinista no te bajaban

En una cena, un notable intelectual hizo apología de los ojos del comandante zapatista Tacho. 
-¿No será el comandante Tadzio? -replicaron. 

¡Viejos los cerros!

"Banderita mexicana, Banderita tricolor, Me recuerdas al anciano Que hizo libre a mi nación..." 
¿Qué? ¿Anciano? Tenía 57 años. Si en tiempos de don Miguel Hidalgo hubiera habido Just For Men, no lo andarían calificando de anciano.


Zarco y las petimetras


Don Francisco Zarco tenía un talle flexible que sabía cimbrearse con elegancia en los más abstrusos figurados de las cuadrillas, decíase. 
Traducción decimonónico - siglo XXI: "Francisco Zarco era delgado y bailaba bien".

Por eso, en las tertulias de mediados del siglo XIX, Zarco siempre estaba rodeado de señoritas, de petimetras y de leonas linajudas. Como quien dice, era bien galán.

Lo anterior, jovenes, nada más para recomendar que no hagan panza y aprendan a bailar. Las damas lo agradecerán.

Una duda histórica y una modesta propuesta

"Los 45 minutos más vergonzosos de nuestra historia". ¿La presidencia de Lascuráin o el primer tiempo de México vs. Alemania en 1978?

Propuesta de tortura: Aplicar el Tratamiento Ludovico (el que le recetan a Alex en Naranja Mecánica) y obligar a la víctima a ver los juegos de Concachampions.

Maximiliano y el doctor Lucio

En 1866 mi papá vino de visita a México, le dio un "catarrito" y acabó en el consultorio del Doctor Lucio. Resultó ser neumonía.  El Doctor Rafael Lucio y el Doctor José María Vértiz eran los galenos más prestigiados de la época.

El Doctor don Rafael Lucio
Contaba mi padre que estaba un día en consulta con el Dr. Lucio y que llega don José Luis Blasio, secretario particular de Maximiliano I. Supo llegaba por encargo del Emperador, quien quería ser tratado de unas fiebres vernáculas que padecía. Sucede que Maxi llevaba rato enfermo, y su médico austriaco, Herr Someleder, no daba pie con bola, ya que tratábanse de infecciones mexicanas.  Así que Su Majestad envió al secretario en pos del mejor médico mexicano, familiarizado con los males propios de nuestra tierra.

Don Rafael Lucio hizo recordar al secretario de Maximiliano que él era de convicciones republicanas. "Vaya con el Doctor Vértiz", replicó. A pesar de las insistencias de Blasio, el doctor Lucio no dio su brazo a torcer. Mi padre, al otro lado del gabinete, escuchaba todo.  Pero supo que al día siguiente, volvió el secretario al consultorio, con más ruegos, y recordándole el juramento de Hipócrates a Lucio. 

Al final, el doctor Lucio accedió a tratar a Maximiliano, pero lo hicieron entrar al castillo por detrás, por los celos del doctor austriaco. Tras el tratamiento (y Maxi le pareció simpático al doc), el Emperador mejoró visiblemente. Repuesto, ofreció una gran suma al doctor Lucio.
-¡No admito dinero del imperio! - fue la respuesta de don Rafael Lucio.

Le bastaba con haber cumplido con el juramento hipocrático.

(Mi padre se enteró después que Maximiliano de Habsburgo, rechazado el dinero, le regaló valiosas pinturas, que el galeno sí aceptó)

Tiempos quesque modernos 
Me dice uno: "Ya no uso mi reloj de pulsera, me basta con checar mi celular". Hemos dado la vuelta en U: regresamos al reloj de bolsillo.

Salgo a la calle, veo a dos hablando en su celular; otro, tecleando frenéticamente; la cuarta esperaba ansiosa contacto humano... vía su celular.

El uso de la red nos da la impresión de estar en contacto con todo y con todos. Pero a menudo no vemos a nuestro alrededor inmediato.


Mi jardín
El jardín de mi casa es modesto, pero tiene mucho cielo.

Ahora que el limón está caro, el limonero de mi jardín nada más tira dos frutos al día, no nos vayamos a creer millonarios.

Torceduras del tiempo 


Me imagino al joven Mozart, con sus lentes oscuros de policía y su séquito de guaruras, huyendo de las fans setecientescas.

Ya no saben qué inventar. Que la puesta en escena de la ópera La Flauta Mágica serà estilo prehispánico. Algo así como "La Chirimía Mágica". ¿Masones en Monte Albán? ¿Pamino en el Mictlán? ¿O, como dice don César Strauss, Papageno educando quetzales y la Reina de la Noche bajando de una pirámide azteca?

Una familia con pedigrí 

Aquí, entretenido con el árbol genealógico de Hubertus Von Hohenlohe. Harta sangre azul, harto billete y hartas anulaciones de la Santa Sede.

Con decirles que el nombre del papá del cincuentón charro esquiador apenas si cabe en un tuit: Príncipe Alfonso Maximiliano Victorio Eugenio Alexandro María Pablo de la Santísima Trinidad y Todos los Santos zu Hohenlohe-Langenburg. Si daban 1% de descuento por cada letra del nombre, a don Alfonso la taquería le saldría debiendo.

La abuelita mexicana de Hubertus: María de la Piedad de Yturbe y von Scholtz-Hersmendorff, Marquesa de Belvís de las Navas. ¡Órale! Y la mamá de Hubertus se llama Su Serena Alteza Princesa Virginia Carolina Theresa Pancrazia Galdina de Fürstenberg (Ira, para los cuates).

El hermano de Hubertus, Christoph Victorio Egon Humberto von Hohenlohe-Langenburg Furstenberg, murió en una cárcel de Tailandia, el pobre.

Disculparán el lenguaje procaz, pero es una conclusión que me sale del alma: Eso es pedigrí y no chingaderas. A ver ¿qué otro mortal puede presumir que a su mamá la Santa Sede le concedió la anulación de sus matrimonios dos veces dos?


Para resarcir su ridículo, Hohenlohe tiene que ligarse una superatleta rusa y nacionalizarla mexicana.  Es el Lascuráin de los esquiadores.
 


Inquietudes dizque literarias
Varios cortazarianos se parecen a los admiradores de Glenda y están felices haciendo la disección.

Tempus fugit! Ahora hasta los autores de la literatura de la onda son unos respetables ancianitos.

Salvador Novo, un señorito de traje que se bañaba todos los días. Una generación muy diferente a la de los bohemios de mis tiempos.

Van a poner en letras de oro en la ALDF los nombres de Octavio Paz y José Revueltas. A Paz le encantaría. ¿Le hubiera gustado a Revueltas?


El último viaje de don Joaquín de la Cantolla

Quien cumplió el 20 de marzo un siglo de muerto (me recuerda la señorita  Rosalí) es el aeronauta Joaquín de la Cantolla y Rico.

De hecho, el día que murió Cantolla fue también el mismo de su último viaje en globo aerostático, que hizo con don Alberto Braniff. Para 1914, Cantolla ya era un viejecito, lejanos sus días de gloria en los primeros globos. Un viejecito tuerto y terco. Don Joaquín Cantolla perdió un ojo, por ahí de 1880, al chocar su globo contra un árbol... una rama le cruzó el globo ocular. 

Hace un siglo, el pionero de la aviación Braniff, como homenaje, invita a Cantolla a subir a su modernísimo globo. El viejo acepta feliz. El vuelo Braniff-De la Cantolla, que hermanaba dos épocas de la aviación mexicana, fue sin contratiempos, salvo que la trayectoria se desvió ...y el aerostato fue a volar sobre la zona que controlaban los zapatistas que amenazaban desde el sur a la ciudad. Los navegantes del globo ajustaron la regulación de la flama, y subieron, hasta encontrar otra corriente de aire que los acercó a la capital. 

Don Joaquín de la Cantolla y Rico se apeó del aerostato, agradeció a Braniff quitándose su sombrero de copa, se dirigió a su casa... y nada más cruzando el umbral, que le da el tamafat: un derrame cerebral que acabó con su vida. Tenía 84 años.

¡Xenófilos! 

Ahora me percato que a los adminículos les dicen gadgets. ¡Cuánto anglicismo! En cambio lo v'lan, lo pschutt y lo chic era lo de antaño.

Vaciladas capitalinas 

En la ALDF presentaron un mariguanómetro, para ver si usted consumió yerbita vaciladora. ¡Cuánta modernidad! En mis tiempos, si el detenido tenía los ojos rojos y no podía escupir, se dictaminaba que había consumido mariguana. Pura intuición.

Un fantasma recorre la Zona Metropolitana de la Ciudad de México. El fantasma de Uruchurtu.

  
Una pasión prerrafaelista

Dante Gabriel Rossetti, autorretrato
Elizabeth Siddal, como Proserpina


Dante Gabriel Rossetti era el mero-mero de los pintores prerrafaelistas. Su musa, Elizabeth Siddal, pasó de ser su modelo a ser su esposa.

Pero Rossetti se hizo de una amante bastante fea, una modelo gorda a la que llamaba "Mi querido elefante". Eso sí, era pelirroja como Siddal. Un día, Rossetti dijo que iba a una reunión académica y fue a ver a su amante-elefante. De regreso, besó a Lizzie, pero la encontró fría. Elizabeth Siddal se había suicidado, ingiriendo una dosis excesiva de somníferos. La musa abandonó, así, al artista.

Durante el velorio, sin que nadie se diera cuenta, Dante Gabriel colocó en el ataùd de Elizabeth un manuscrito con sus poemas inéditos. El pintor, que había sido un bon-vivant, se recluyó fuera de la ciudad y se dedicó a la pintura, la poesía y al spleen y la depresión.

Sus amigos un día lo visitaron, lo emborracharon y le sacaron la confesión de que había metido sus mejores poemas en el ataúd de Elizabeth. La Hermandad Prerrafaelista se organizó para exhumar a la musa. Del cadáver sólo eran reconocibles los cabellos rojos. Habían pasado 14 años. 

Rossetti no asistió a la exhumación, pero se recuperó el manuscrito, hoy conocido como The House of Life, la casa de la vida.  Es una obra poética muy interesante, que pinta una época.

Envío
Si les gusta La Hora Nacional, agradézcanlo a Tata Lázaro.

Estoy seguro de que la Biblioteca del Congreso de EU tiene abierto un importante archivo con mis tuits selectos.