viernes, 23 de mayo de 2014

Paco Sierra: Asesinos, S.A.




Doña Esperanza Iris

Ustedes seguramente han oído hablar de doña Esperanza Iris, una tiple extraordinaria, que fue conocida como “La reina de la opereta”. Yo a Esperancita la conocí muy joven, cuando hacía de vendedor de charamuscas en la zarzuela Chin-Chun-Chan, en la que ayudé a mi amigo don José F. Elizondo.

Pero en esta historia, doña Esperanza es sólo personaje secundario. El principal es Paco Sierra, un vividor que también era un mediano barítono… y su esposo.

Sierra se había colado como violinista en la compañía de la Iris, que trabajaba en el teatro homónimo, que ella fundó en 1918, y se ligó a la dama mucho mayor que él. Cuando se casaron, en 1938, Paco Sierra tenía 28 años; Esperanza Iris tenía 50, pero una amplia cartera, muchos conocidos y un corazón ávido de amor.

Por la intercesión de la Iris, Sierra no sólo triunfó en el teatro de su esposa, sino que llegó a cantar en Bellas Artes, en el Met, en la Scala… no era para tanto.
La pareja

Paco y Esperanza vivían en los altos del teatro, allá en la calle de Donceles. Pero él soñaba con una vida de más lujos, sin la mujer que ya le parecía anciana. De hecho, la pareja tuvo problemas en 1949. Paco, entonces de 39 años, tuvo un hijo con la sirvienta. Esperanza, que tenía 61, se lo perdonó.

Por esos tiempos, el cantante empezó a llevarse con su paisano Emi­lio Are­lla­no Sche­te­li­ge, que la hacía de agente, secretario particular, amigo oficial… Arellano era un vivales, especializado en fraudes, amante de los negocios fáciles. Le propuso uno bastante loco a Sierra: “Post-Mortem S.A”.

La idea era que Post-Mortem se encargara de las honras fúnebres de grupos de trabajadores, que pagarían la módica cantidad de dos pesos mensuales. Una empresa de seguros de ese tipo debe, en primer lugar, tener un capital de respaldo y, en segundo, debe invertir los depósitos y obtener sus ganancias de ello. La pretensión de Sierra y Arellano era diferente: conseguir a los trabajadores mediante conectes, embaucarlos y gastarse la lana a manos llenas. El conecte que buscaron era ni más ni menos que don Fidel Velázquez, el mandamás de la CTM. Éste envió a uno de sus “lobitos”, Jesús Yurén.

Yurén les pidió borrador y proyecto de contrato; los de Post-Mortem querían hacer las cosas de saliva y el lobito le dijo a don Fidel que “¡Cuidado!”

Como Post-Mortem murió neonato, los compinches Sierra y Arellano idearon otro proyecto para hacerse ricos con rapidez.  Un proyecto criminal, que bien podría llamarse “Asesinos S.A.”.

La idea era contratar gente para un trabajo inexistente en Oaxaca, asegurarlos por mucho dinero y hacer explotar el avión en el que viajarían rumbo al empleo.

AAA. Anunciaron en el periódico una de esas oportunidades de empleo que parecen soñadas. Buen sueldo, prestaciones, poco trabajo. Pronto tuvieron cinco candidatos. Arellano tuvo la osadía de invitar a un tío a ese mismo empleo. No lo ha de haber querido mucho.

A todos los empleados, Sierra y Arellano les compraron jugosos seguros de vida. 2 millones de pesos de la época. Estaban a nombre de Paco, parientes y allegados.

El propio Emilio Arellano preparó la bomba en el cuarto de servicio de su casa de la calle Baja California, en la colonia Roma.

Imaginemos un segundo al delirante tipo en el cuartucho, entre cables de luz, detonantes, el reloj… y una maleta de piel que regalaría a su tío antes del viaje.

La mañana del 24 de septiembre de 1952, casi al amanecer, antes de tomar el avión,
cada uno de los recién contratados recibió un regalo. La compañía de Sierra y Arellano, muy amable, le daba a cada uno una pulsera de plata con su nombre. El chiste era que se reconocieran los cadáveres.

Se podrán percatar, amigos, que el nivel de crueldad y de ambición de estos dos hombres era nada comparado con su nivel de estupidez.

Los asegurados eran cinco, más el tío, más otros 11 pasajeros, más el capitán, el copiloto y la sobrecargo. El vuelo era de Mexicana de Aviación.

Recuerden que estamos en 1952. No hay escáners en los aeropuertos. La bomba pasó como si nada.

El proyecto era que el avión estallara en su máxima altura. Pero el tiempo estaba malo, así que el despegue se retrasó 45 magníficos minutos.

Ese fue el boquete en el avión
Apenas habían pasado 15 minutos de vuelo cuando la maleta, que estaba en un compartimiento delantero de la zona de pasajeros, estalló. Pero Arellano no la había hecho lo suficientemente potente. Hizo un hoyo, pero no destruyó el aeroplano. El copiloto usó otras maletas para tapar el hueco. Pasaron minutos de terror, porque entraba aire y el avión perdía estabilidad. Por fortuna, el piloto era un veterano del Escuadrón 201.

En lo que maniobraban entre el cielo brumoso y la histeria de los pasajeros que veían llegar a la muerte, el capitán descubrió un claro… y en el claro, el aeropuerto militar de Santa Lucía, donde aterrizó de emergencia sin pedir permiso.

El saldo final fue de un muerto –un polaco que salió volando por el hoyo hasta la sierra veracruzana-, dos heridos graves y muchos asustados. Dijo la prensa que el polaco exclamó “Todo está consumado” mientras caía al vacío. Yo imagino que gritó: “Nieeeet!“

Arellano y Sierra, detenidos
Los investigadores pronto llegaron a la conclusión de que era una bomba y de que había varios asegurados contratados por Emilio Arellano. Para el día siguiente ya había orden de aprehensión contra el socio de Paco Sierra. Entonces, el barítono fue a la policía a denunciarlo… por fraude. Sierra entregó las pólizas de seguros, dijo que Arellano lo habría hecho para pagarle lo que le había robado en el fallido Post-Mortem, S.A.

La única que creyó en la versión de Paco fue Esperanza Iris. El tonto barítono había acompañado a Arellano a comprar explosivos y reloj y había testigos de ello.

El 29 de septiembre, la policía capturó a Emilio Arellano y éste, obvio es decirlo, culpó a Paco Sierra de toda la trama. A Paco lo detuvieron al día siguiente cuando descendía de su Cadillac, en el aeropuerto. Tenía un boleto para La Habana. No pudo usarlo.

Esperanza Iris contrató abogados, y de seguro también al juez, que sólo condenó a 9 años de prisión al cantante, y le dio 30 a Arellano.

Hubo apelación de los abogados de la Iris y le salió el tiro por la culata. La nueva sentencia fue de 29 años en Lecumberri.

En 1962, diez años después del atentado, Esperanza Iris murió, sola y convencida de que Paco, su Paco, no era un terrorista dinamitero.

Visita familiar de Esperanza Iris al Reclusorio Oriente
A Sierra le rebajaron la pena. Salió libre en 1971, hizo otra familia y se fue a vivir a Villa Olímpica.  Arellano murió en la cárcel, repudiado por su familia.

La moraleja del relato es: amigos, tengan cuidado si les ofrecen un trabajo fácil, bien pagado y con seguro de vida a nombre del patrón o sus cuates.


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