miércoles, 16 de octubre de 2013

La gestación del fascismo






Mini proemio:

Me molesta que a cualquier actitud represiva o intolerante la califiquen de "fascismo". Aquel movimiento fue mucho más. El "fascismo" simplón de gorilas represores es algo que no suele tener apoyo popular. El de Italia sí lo tuvo. Hay que entender por qué.

Advierto que el fascismo me parece una ideología abominable, pero que tiene su atractivo, y se repite en muchas claves en el mundo de hoy.

Los orígenes del fascismo

Ustedes saben que fui a Europa en 1921-22. En Francia vi La Consagración de la Primavera;  en Alemania, busqué a Olga Desmond.

Pero donde más tiempo pasé –por mi afición al bel canto- fue en Italia. Me tocó vivir momentos políticos terribles y, por lo mismo, sumamente interesantes.

Italia vivía una gran crisis política, y despuntaba un líder que muy pronto y por muchos años daría de qué hablar: Benito Mussolini.

Mussolini acababa de fundar el Partido Nacional Fascista y sus huestes eran muy activas. Me tocó verlas pavonearse por Roma. Son los que aparecen en la primera foto de esta entrada.

Pavonearse es la palabra correcta. Vestían camisas negras, algunas de ellas abiertas a lo mirrey, y una suerte de vestimenta militar, en la que destacaban las largas botas. Caminaban en grupo y blandían garrotes. Muchos eran jóvenes. También había algunas mujeres entre ellos. Parecían gente del pueblo, no burguesitos adinerados. Algunos tenían mirada torva, como de pandillero. La gente se hacía a un lado. Los veían con una mezcla de temor y respeto. No me pareció que la mayoría simpatizara con ellos.

No me imaginaba entonces, ingenuo yo, que los miembros de ese grupo minoritario conquistarían el poder y lo tendrían 20 años.

En Italia me hice amigo de dos conocedores de ópera, que tenían opiniones políticas muy distintas: Claudio Aldesira y Gianni Di Giglio. Tanto Aldesira como Di Giglio eran catedráticos. El primero era socialista, y simpatizaba con el comunismo; Di Giglio simpatizaba con los fascistas. En muchas cosas, Aldesira y Di Giglio tenían opiniones diferentes sobre el futuro. Pero ambos coincidían sobre el origen del fascismo.

Coincidían en que el fascismo era indisociable de su líder carismático. Para entender el movimiento había que entender a Mussolini (que por entonces aún no se parecía al personaje caricaturizable que conocemos hoy).

El joven periodista socialista Benito Mussolini
Mussolini era del ala izquierda del partido socialista. Dirigía el periódico del partido, el Avanti! Era seguidor de Georges Sorel, un revolucionario peculiar. Sorel despreciaba la democracia, porque implicaba el acto corrupto de negociar con los capitalistas migajas para los trabajadores. En vez de negociar en lo oscurito, decía Sorel, hay que hacer la Revolución. que debía ser fundada en un Mito, una mentira capaz de mover a las masas. Sorel hablaba de mito porque su valor no se medía por su cercanía a la “verdad”, sino por las consecuencias prácticas. A su desprecio a la democracia burguesa y a la mediocridad, Sorel correspondía con el culto a la grandeza y a la nacionalidad (porque Sorel no creía en el internacionalismo, sino en la grandeza de Francia).

¿De qué escribía Mussolini? De ir más allá, por encima y –si es necesario- en contra de las reglas injustas de la democracia burguesa. ¿Qué más decía el futuro Duce? Que hay que usar a los pobres como ariete para acabar con una sociedad decadente y corrupta. Mussolini pedía a sus lectores despreciar la mediocridad. Pensar, antes que nada, en la grandeza de la nación. En esto chocó con el partido.

El Partido Socialista era internacionalista y en la I Guerra Mundial era neutralista. Mussolini se fue decantando a favor de Italia. Esto significó que lo corrieran del periódico y del partido. Mussolini fundó otro diario: Il Popolo d'Italia, de tintes nacionalistas.
Il Popolo d'Italia, "quotidiano socialista"

Mussolini: “Nuestra clase política es deficiente. La crisis del Estado liberal es esta deficiencia documentada”.

Convencido de que sus compatriotas eran “desdeñosos del pasado y ansiosos de renovación”, Mussolini creó un movimiento revolucionario, que proclamaba, entre otras cosas, “que las organizaciones proletarias (moral y técnicamente dignas) se encarguen de la gestión de las industrias y servicios públicos… un fuerte impuesto extraordinario sobre el capital, que tenga la forma de expropiación parcial de todas las riquezas… la convocatoria a una Asamblea Nacional, cuya primera tarea sea establecer la forma de constitución del Estado”. Un movimiento que, sobre todo, valía por sí mismo: era un programa de transformación continua.

En fin, los fachos tenían facha, al principio, de ser de izquierda.

Los fascistas se presentaron como antimperialistas. Naciones ricas que “friegan” a las naciones proletarias… como Italia.

Así que el futuro Duce empezó presentándose como de izquierda, promotor de un “socialismo nacional” y apoyó huelgas y movimientos obreros. Pero tenían otra cosa: odiaban al resto de la izquierda más que a cualquier otra cosa en el mundo. Sobre todo a los "tibios" socialistas. Acompañaron el odio a los "traidores" de izquierda con acciones. En 1919 un grupo de fascistas ataca y quema el Avanti! Se vengaron así del diario que había dirigido su líder carismático, y del que lo habían despedido: redujeron la redacción a cenizas.

Toda huelga, todo movimiento proletario que no obedeciera los dictados de Mussolini era atacado por grupos de golpeadores. A estos grupos se les denominó "squadre di combattimento"; los socialistas les pusieron el despectivo "squadraccie". Son los que vi en Roma.

Pero en las elecciones de 1919 los Fasci Italiani di Combattimento fueron derrotados ampliamente. Ganó el Partido Socialista.

En el análisis de su derrota, Mussolini considera que su problema fue que confundían a los Fasci con la izquierda. Ellos eran "tercera vía". Inicia un giro ideológico hacia la derecha. Se presentará como alternativa contra el "bolchevismo" y contra "la burguesía liberal".

Lo más interesante del asunto es que los seguidores de Mussolini, enamorados de su líder carismático, lo siguieron en ese viraje.

Más que sobre asuntos de clase social, Mussolini tocará, en su irresistible ascenso, la fibra del nacionalismo, de la Patria.


Una discusión ideológica

En tiempos del fascismo naciente, todavía era posible el debate, y más entre intelectuales. A instancias mías, el socialista Aldesira y el fascista Di Giglio se enfrascaron en una tremenda discusión, tras una opípara cena romana, escanciada con ligeros vinos (pero en cantidades dignas de los emperadores de la Eterna Ciudad). La izquierda y la derecha.

A continuación, un resumen de lo que dijeron (cada frase dice, “en una nuez”, lo que un buen italiano tarda varios minutos en expresar, porque ellos son los inventores no sólo de la política, sino de la catilinaria –del rollo o choro, que dice la juventud de ahora).

Di Giglio: Los fascistas hemos roto con las jerarquías tradicionales, del antiguo régimen.

Aldesira: Sí, pero han creado otra jerarquía, aún más rígida. Por eso el fascismo fascina a los arribistas de toda laya.

Di Giglio: Estamos creando el Hombre Nuevo, el Homo Fascistus, que controla la realidad en vez de someterse a ella. El Homo Fascistus siempre está dispuesto a la movilización revolucionaria. Domina su egoísmo en favor de la colectividad.

Aldesira: En realidad el fascista es esclavo del caudillo, del Duce. Hace de todo para engrandecer al Estado, pero no a la sociedad.

Di Giglio: El fascista desprecia a los burgueses, por débiles, por negociadores, por mezquinos.

Aldesira: Pero en realidad, al atacar a la izquierda que no concuerda con su líder, los fascistas les hacen el trabajo sucio a los burgueses.
Una squadra di combattimento encabezada por una mujer

Di Giglio: El fascista prefiere vivir un día como león que cien años como oveja. Es moderno, es romántico, es nacionalista.

Aldesira: Su modernidad es falsa, de oropel. Su romanticismo es anticuado. Su nacionalismo, contra los intereses de las mayorías.

Di Giglio: El discurso nacionalista fascista acaba con diferencias de clase y regionales bajo la idea de “la voluntad del pueblo”.

Aldesira: No acaba con las diferencias de clase y regionales, sólo pretende exorcizarlas. “La voluntad del pueblo” es sólo la del Duce.

Di Giglio: Somos la opción -necesaria por la historia-, ante una clase dominante incapaz de arreglar las cosas por medios ordinarios y una clase obrera incapaz de imponer una revolución socialista.

Aldesira: El suyo es un movimiento de desarraigados. Bajo la idea genérica de "pueblo" sirven a un hombre con ganas de ser tirano.

Di Giglio: Los líderes del Fascio no son los burguesitos de siempre, que estaban en el partido liberal, el popular o el socialista.

Aldesira: Ojalá fueran burgueses. Son el profesional del puñal, el joven idealista, el valiente de bajos fondos, el adolescente romántico..
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Di Giglio: Somos la juventud que se enfrenta al viejo pasado. (Y canta, provocador, el himno fascista "Giovinezza giovinezza, primavera di bellezza").

Aldesira: Usan a los jóvenes que ni estudian ni trabajan, a los veteranos de la reciente Guerra Mundial. Pero sirven a los viejos patrones.

Di Giglio: Los veteranos son pueblo en armas. Tienen derecho a gobernar. Son de clase media y baja.

Aldesira: Al moverse a la derecha se agenciaron a la pequeña burguesía que creía que su ruina se debía a los obreros y sus protestas.

Di Giglio: Porque el bolchevismo de socialistas y comunistas genera caos. Queremos el cambio, pero con orden. El pueblo quiere orden.

Aldesira: ¡Pero la ruina de la clase media no se debe a los obreros, sino a los tiburones de la industria y las finanzas!

Di Giglio: Tal vez no su ruina actual, pero la clase media no soportaría vivir bajo el bolchevismo. El fascismo la salvará de ese destino.

Aldesira: Pero el fascismo, si triunfa, llevará a la clase media a un destino peor... porque está infectado de militarismo.

La discusión entre mis amigos se hacía cada vez más feroz. Traté de mediar, preguntando por los otros partidos. Los comensales coincidieron: el fascismo no se entendería en un país donde hubiera partidos políticos bien organizados y activos. Aldesira fue más allá: dijo que el fascismo no se entendería donde hubiera “educación y programas políticos, en vez de sentimentalismos, impulsos...”

Di Giglio se defendió: El fascismo reconquistaba los valores del pasado, pero no del despreciable pasado burgués, sino la cultura grecorromana, los valores espirituales.

Aldesira: El fascismo tiene la mentalidad de la pequeña burguesía humanística que se resume en una palabra sola: retórica. La suya es “cultura general”, el “analfabetismo de los alfabetas”, nociones abstractas, aprendidas mecánicamente, sin crítica. La exaltación por el gesto y la palabra que usurpan los hechos y las ideas, el fanatismo por la fórmula que dicta el caudillo.

Di Giglio: Los fascistas nos negamos a la política pragmática, de negociación. El intelectual es heraldo de la nueva época antimaterialista. El Estado es depositario del rejuvenecimiento estético. Por eso hay que liquidar el presente para restaurar los valores culturales, mirar al futuro
 
Aldesira: Los fascistas quieren "liquidar el presente" liquidando e intimidando a todos los que no piensan como ellos.

Di Giglio: Se trata de una purificación total de la vida política nacional.

Aldesira, ya visiblemente enojado: ¿Una purificación por fuego? Son intelectuales como Marinetti que dice que “la guerra es la única higiene para el mundo”.

Di Giglio lo interrumpe, exaltado: ¡Sí, una purificación tajante, que acabe con la corrupción! ¡Crear una nueva Italia! Proclamar, con Marinetti, “el culto del progreso, de la velocidad, del deporte, de la fuerza física".

Aldesira cambió de semblante y ahora se mostró burlón: Mussolini admira a Marinetti y los futuristas, pero los fascistas de a pie -te excluyo- son vulgares. En pos de la popularidad, su caudillo abrazará el sentimentalismo y la cursilería de las clases medias. Ustedes son sólo adorno. Las frases sencillas, el arte “comprensible” atraen más a las masas que la alta cultura. Ustedes son tontos útiles al Duce –y soltó una carcajada.

Fue entonces (digo, también habíamos bebido unas cuantas botellas, algo así como muchas) cuando Di Giglio se abalanzó a golpear a Aldesira. Lo contuve como pude.


La toma del poder

Regresemos a la historia. Habíamos comentado que Mussolini inició en la izquierda, pero tras la derrota electoral de 1919 dio un giro a la derecha y sustituyó socialismo por nacionalismo y que lo primero que hicieron los fascistas fue acusar de traidores a quienes disentían de ellos desde la izquierda.

Tras la I Guerra Mundial, hubo intentos de revolución socialista en Alemania y Hungría, ahogados en sangre. Algo similar pasó en Italia.

En 1920 el movimiento obrero tomó fuerza, hubo ocupaciones fabriles y se crearon los famosos Consejos de Fábrica. Para los fascistas, si ellos estaban en el Consejo, era cosa buena; si eran sólo comunistas o socialistas, cosa mala. Mussolini, al principio apoya los Consejos obreros pero cuando se da cuenta de que los fascistas son minoría, cambia de opinión. Las escuadras fascistas pasan de apoyar a los Consejos a atacarlos físicamente; hacen lo que no se atreven los soldados traídos desde Cerdeña (es decir, los sardos)

Grupos industriales ven con agrado la labor de los fascistas y empiezan a financiar al partido, porque destruye las organizaciones de trabajadores. El apoyo de los terratenientes es aún mayor; el fascismo era un movimiento de las ciudades, pasa al campo estrictamente al servicio de los patrones.

Mussolini refuerza su discurso de que ellos significan cambio social, pero ordenado, sin el “caos bolchevique”. Lo interesante es que quienes más utilizaban la violencia, verbal y física eran precisamente los seguidores del futuro Duce.

En otras palabras, los fascistas dejaron de argumentar y pasaron a "discutir" a mentadas y macanazos.

En 1921 se llevaron a cabo nuevas elecciones; la lista en la que estaban los fascistas captó casi el 20 por ciento de los votos; Mussolini es electo

Aunque los socialistas son el partido más votado, se hace un gobierno de coalición, encabezado por el socialdemócrata Ivanoe Bonomi. El gobierno de Bonomi es menos benévolo con los fascistas e impide algunas acciones violentas; Mussolini busca un “pacto de pacificación”.

El "revolucionario" Mussolini llenaba las plazas
Entonces sucede algo crucial: las bases fascistas no quieren lucha parlamentaria, como Mussolini, sino guerra en las calles, las fábricas y los campos. Las bases quieren revolución y Mussolini acata su decisión para seguir siendo el caudillo. Pero su revolución será de extrema derecha.

En diciembre de 1921 quiebran cajas populares; los fascistas se convierten en “defensores del pequeño ahorrador”. Esta actitud, su oposición a los impuestos y la frase de no quieren “caos bolchevique” hace que las clases medias simpaticen con el Fascio.

Es en esa coyuntura que un servidor llegó de visita a Italia. Gran confusión, presencia de los escuadristas, zozobra…

En febrero de 1922, los partidos de la coalición de gobierno se pelean entre ellos: cada uno quiere ser el mandón… y los socialistas no se llevan con ninguno Sin el apoyo del Parlamento, cae el gobierno Bonomi; vendrá otro, encabezado por el liberal Luigi Facta, pero no va a gobernar de verdad.

Durante casi todo 1922 los partidos democráticos se pelearán entre ellos, mientras las escuadras fascistas se convierten en un Estado dentro del Estado

Los fascistas crean la Confederación de Corporaciones Sindicales y empiezan a ocupar pequeñas ciudades, empezando por Ravenna. Ante la amenaza de una huelga general por los sindicatos de izquierda, en julio, las ciudades de Milán y Génova son ocupadas por los fachos. La huelga falla, porque en todas partes es reprimida, no por el Ejército o la policía, sino por las escuadras de Mussolini.

En ese momento, Mussolini lanza la consigna “Queremos gobernar Italia”… y los partidos democráticos, mientras, en sus disputas fatuas.

En octubre, con el claro apoyo de la Confindustria (la Coparmex de por allá), Mussolini dice: “O nos dan el gobierno, o lo tomamos”.

Entonces se decide la "Marcha sobre Roma", para tomar el poder. Una marcha "pacífica", decía Mussolini. Antes de que se lleve a cabo la famosa marcha, mientras los partidos no se ponen de acuerdo, el rey decide llamar a Mussolini... Vittorio Emmanuele le encargará formar gobierno. La Marcha es en realidad un acarreo masivo para vitorear al Duce. Trenes y trenes cargados de militantes fascistas se dirigen a Roma, pero ya no con aire de confrontación, sino de exultante victoria.

Mussolini arma un gobierno de coalición con otros partidos de derecha. Va al Parlamento y allí hace un histórico discurso: "Puedo hacer de esta aula sorda y gris un vivac…", dice, "puedo deshacer el parlamento y constituir un gobierno exclusivamente fascista. Pero no lo haré…al menos no por ahora".
Giacomo Matteotti

Dos años después cumplirá su amenaza.

Lo siguiente que hace Mussolini es convertir en Milicia Nacional a sus golpeadores. Ellos harán el trabajo sucio en la siguiente elección. En 1924, en un clima de violencia atroz, los fascistas ganan las elecciones. El diputado Matteotti denuncia la situación y es asesinado (como quien dice, es el Belisario Domínguez de por allá). La oposición al fascismo, suicida, se retira del parlamento. Pide que intervenga el rey, quien calla. Entonces Mussolini en un discurso asume la responsabilidad del asesinato de Matteotti. Poco después, emana las Leyes Excepcionales y pone fin a la democracia y las libertades.

Epílogo

Durante todo ese tiempo buena parte de la intelectualidad apoyó a Mussolini. Del inventor Marconi a los poetas futuristas, pasando por muchos catedráticos. En 1925, se obliga a todos los profesores universitarios a adherirse al fascismo o perder la cátedra. 98.5 por ciento lo hace (pero mi amigo Aldesira prefiere renunciar a su puesto que a sus ideales). Italia se sumiría en un abismo negro de intolerancia y totalitarismo.








1 comentario:

  1. Que buenerrimo texto Don Susanito! La historia viva, amena, clara, entendible y directa.
    Shapó!!!

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