lunes, 2 de abril de 2012

Hermenéutica de La Duquesa Job



 “La Duquesa Job” es el poema más conocido de mi amigo don Manuel Gutiérrez Nájera. Es posible que con el tiempo algunas de sus partes resulten incomprensibles, de ahí que requiera una hermenéutica; es decir, de una interpretación del texto. También vale la penar contar algo de historia íntima. 



Don Manuel Gutiérrez
Un día de 1884 invité a Gutiérrez Nájera y a don Manuel Puga a comer. Yo recién había dejado la casa de huéspedes en la que viví varios años y estaba estrenando alojamiento. Yo tenía 22 años; él, 25. Tras la comida, don Manuel nos dijo que estaba muy enamorado de una muchacha llamada Marie. Le pedimos que nos la describiera. Fue haciendo un retrato de la que ella no era, de lo que sí era, de lo que hacían juntos. También, casi sin darse cuenta, retrató cambios sociales. Y todo, en maravillosos versos decasílabos.  

En dulce charla de sobremesa,
mientras devoro fresa tras fresa
y abajo ronca tu perro Bob,
te haré el retrato de la duquesa
que adora a veces el duque Job.


Don Manuel Gutiérrez Nájera, quien ya para entonces escribía en varios periódicos, tenía, entre sus muchos seudónimos, uno favorito: “El Duque Job”. Por extensión, su mujer era “la duquesa”. Bob era el inseparable perro de Puga y las fresas estaban buenísimas.

No es la condesa que Villasana
caricatura, ni la poblana
de enagua roja que Prieto amó;
no es la criadita de pies nudosos,
ni la que sueña con los gomosos
y con los gallos de Micoló.*
Gutiérrez Nájera inicia el retrato describiendo lo que no era Marie. No era una falsa condesa presumida, como las que dibujaba el gran caricaturista José María Villasana. Tampoco una vulgar china poblana. Tampoco una sirvienta de pies descalzos o una arribista a la caza de juniors de pelo engominado (“los gomosos”). Mucho menos era alguien que se atreviera a las peleas de gallos que organizaba el diputado Micoló, donde sólo iban nuevos ricos vulgarísimos. En otras palabras, la duquesa no era poser, ni naca,  ni gata, ni fresa, ni chaka, como se diría hoy.

Mi duquesita, la que me adora,
no tiene humos de gran señora;
es la griseta de Paul de Kock.
No baila "boston", y desconoce
de las carreras el alto goce,
y los placeres del "five o'clock".

“Griseta” es un término sociológico de la época. Las grisettes originales eran costureras y obreras que vestían de gris. Estas mujeres, por tener ingresos propios, podían darse libertades que otras no podían, como escoger abiertamente su pareja. Una griseta es, por definición, coqueta y ligadora, pero no es una prostituta, sino una mujer independiente, que frecuenta los ambientes bohemios. Marie no era costurera u obrera, sino empleada en una gran tienda de lujo. Paul de Kock era un novelista francés, muy popular en la época y hoy olvidado, que escribía precisamente sobre las grisetas.

Boston Waltz es el nombre que se le daba al vals americano, mucho más lento que el aceleradísimo vals vienés. Las carreras que se refiere son a las de caballos, en los hipódromos de Peralvillo y de la Condesa. El five 0’clock es, por supuesto, la hora del té.

Pero ni el sueño de algún poeta,
ni los querubes que vio Jacob,
fueron tan bellos cual la coqueta
de ojitos verdes, rubia griseta
que adora a veces el duque Job.

La referencia bíblica está en el Génesis. El patriarca Jacob vio una escalera por la que ascendían y descendían los ángeles. También vemos algo de descripción física, la reiteración del carácter de griseta y un principio de confesión de la fragilidad del amor: que adora “a veces” el duque Job.


Si pisa alfombra no es en su casa,
si por Plateros alegre pasa
y la saluda Madame Marnat,
no es, sin disputa, porque la vista,
sí porque a casa de otra modista
desde temprano rápida va.
Tras la descripción, Gutiérrez Nájera saca de paseo a Marie. Ya la vemos caminando por Plateros y saludando a Madame Marnat, que dueña de la casa de vestidos más famosa de la época (recordemos que la mayor parte de los ajuares eran hechos a mano y a la medida). Aquí el uso del “sin disputa” es para jugar con las confusiones. Don Manuel juega a que Mme. Marnat quisiera vestir a Marie, pero en realidad “sin disputa” quiere decir “sin duda”. En realidad la duquesa Job va a casa de otra modista más modesta. 

No tiene alhajas mi duquesita,
pero es tan guapa y tan bonita,
y tiene un cuerpo tan "v" lan ", tan "pschutt",
de tal manera trasciende a Francia,
que no le igualan en elegancia
ni las clientes de Hélene Kossut.
V’lan y pschutt son dos palabras que eran usadísimas en Francia a principios de los años ochenta del siglo XIX. Guy de Maupassant en algún texto se queja de que estos dos vocablos estaban asesinando la lengua francesa, porque se usaban para todo. Serían hoy el equivalente de “chido”, aunque un Gutiérrez Nájera contemporáneo sería agringado y utilizaría el vocablo “cool”. Hèlene Kossut era la modista más renombrada en el México de entonces: ni en sueños una griseta hubiera podido comprar alguna de sus prendas.

Desde las puertas de la Sorpresa
hasta la esquina del Jockey Club,
no hay española, yankee o francesa,
ni más bonita, ni más traviesa
que la duquesa del duque Job.


Esta es la frase clave del poema, porque se trata de un paseo por Plateros, de la recuperación del espacio urbano, antes hosco y hostil, por una mujer normal y por un hombre que espera su salida del trabajo. La Sorpresa era un almacén casi esquina con el Zócalo, espacio femenino, y el Jockey Club, un masculino restaurante de postín en la Casa de los Azulejos. Es como si dijéramos “de Perisur a Mazaryk”.  

¡Cómo resuena su taconeo
en las baldosas! ¡Con qué meneo
luce su talle de tentación!
¡Con qué airecito de aristocracia
mira a los hombres, y con qué gracia
frunce los labios! ¡Mimí Pinson!


Las baldosas, el meneo, el coqueteo, todos símbolos de modernidad mundana en una ciudad que va dejando el luto. El paso del botín de Marie guía el ritmo del poema. Y Mimí Pinsón, como definición final: la quintaesencia de la griseta de la belle epoque.

Si alguien al alcanza, si la requiebra,
ella, ligera como una cebra,
sigue camino del almacén;
pero, ¡ay del tuno si alarga el brazo!
Nadie lo salva del sombrillazo
que le descarga sobre la sien.


Es un elogio del tránsito de esta muchacha trabajadora en un mundo de hombres. Coqueta, pero honesta, se ensaña con quien piensa que su caminar es equívoco. La duquesa Job va camino del almacén, pero no va de compras. En realidad Marie era dependienta del almacén de Madame Anciaux, sito en la calle 2ª de Plateros.
Louise Theo

¡No hay en el mundo mujer más linda!
¡Pie de andaluza, boca de guinda,
"esprit" rociado de Veuve Clicot;
talle de avispa, cutis de ala,
ojos traviesos de colegiala
como los ojos de Louise Theo!


De nuevo la descripción física: pie pequeño, labios rojos, perfume intoxicante, belleza juvenil y unos ojos como las de una famosa cantante de ópera ligera, que se había presentado en México, en el Teatro Nacional, dos años atrás.

Ágil, nerviosa, blanca, delgada,
media de seda bien estirada,
gola de encaje, corsé de ¡crac!,
nariz pequeña, garbosa, cuca,
y palpitantes sobre la nuca
rizos tan rubios como el coñac.

Continuamos la descripción, con énfasis en la blancura de la mujer (aunque he de decir que los rizos de Marie eran tan rubios como un coñac bastante oscuro; hoy los calificaríamos de castaños). La gola era un adorno en el cuello, al estilo del que le conocemos a Miguel de Cervantes. “Crac” es el sonido del corsé de costillas de ballena al cerrarse. En esa época era fundamental tener una cinturita: 20 pulgadas (51 cm) era lo ideal para una joven. ¡Imagínense qué apreturas para llegar a esa marca!


Sus ojos verdes bailan el tango;
nada hay más bello que el arremango
provocativo de su nariz.
Por ser tan joven y tan bonita
cual mi sedosa blanca gatita,
diera sus pajes la emperatriz.

¡Ah! Tú no has visto, cuando se peina,
sobre sus hombros de rosa reina
caer los rizos en profusión.
¡Tú no has oído qué alegre canta,
mientras sus brazos y su garganta
de fresca espuma cubre el jabón!

De repente, Gutiérrez Nájera nos invita a hacerla de voyeurs con su duquesa. Nos introduce en sus momentos íntimos. El súmmum de la modernidad.


¡Y los domingos!... iCon qué alegría
oye en su lecho bullir el día
y hasta las nueve quieta se está!
¡Cuál se acurruca la perezosa,
bajo la colcha color de rosa,
mientras a misa la criada va!

Me encanta esa distinción entre la griseta y la criada.


La breve cofia de blanco encaje
cubre sus rizos, el limpio traje
aguarda encima del canapé;
altas, lustrosas y pequeñitas
sus puntas muestran las dos botitas,
abandonadas del catre al pie.


La cofia de encaje es el gorrito típico de la ropa de dormir de las abuelitas. Marie lo usaba desde joven, así era la moda. De nuevo la insistencia del pie pequeño y del botín repicador. En la época lo normal era decirle catre a las camas.

Después, ligera, del lecho brinca;
¡oh, quién la viera cuando se hinca
blanca y esbelta sobre el colchón!
¿Qué vale junto de tanta gracia
las niñas ricas, la aristocracia,
ni mis amigas de cotillón?

El cotillón es un sarao, una gran fiesta. Las amigas de cotillón de don Manuel son precisamente las niñas ricas y la aristocracia.


Toco; se viste; me abre; almorzamos;
con apetito los dos tomamos
un par de huevos y un buen "beefsteak",
media botella de rico vino,
y en coche, juntos, vamos camino
del pintoresco Chapultepec.


Nótese la existencia de cuartos separados de la pareja. Era la costumbre de la clase media para arriba, y señal de ser pudientes. También es de destacarse el tremendo almuerzo, rociado en vino rojo, nada comparable con los de hoy –y mucho menos con los “modernos”, que pecan de frugales-. El poema se resuelve en fuga y diversión hacia Chapultepec (que era entonces como ir hoy a La Marquesa), con el infaltable coche –tirado por caballos, por supuesto.

Desde las puertas de la Sorpresa
hasta la esquina del Jockey Club,
no hay española, yankee o francesa,
ni más bonita ni más traviesa
que la duquesa del duque Job.


No puedo sino quitarme el sombrero ante el poeta que hizo esta descripción de mujer en tránsito. Del modernista capaz de rimar, en un precioso poema en castellano, “crac” con “coñac”, “Pshutt” con “Kossut”, “beefsteak” con “Chapultepec” y “club” con “Job”.

Termino esta historia con un chisme íntimo. Gutiérrez Nájera abandonó a Marie. La griseta se puso tan deprimida, que intentó suicidarse al disolver cerillos en una taza de té. Lo único que logró fue una tremenda intoxicación. Don Manuel casó después con doña Cecilia Maillefert, y José Martí le dedicó a la primogénita de ese matrimonio uno de sus poemas más celebrados: “clavellín de nieve”. De la efímera Duquesa Job no supimos más. Pero su caminar por las calles de la ciudad de México resultó ser inmortal.


Gutiérrez Nájera, por su parte, está eternizado en el mural "Sueño de una tarde dominical en la Alameda", de Diego Rivera. Es el señor elegante, debajo de los globos, que se quita el sombrero ante dos damas que pasean por el parque: mujeres que -como Marie, su duquesita- empezaban a adueñarse de la calle y de la ciudad. 




















* Comenta don Héctor de Mauleón que existe la versión -sostenida, entre otros, por José Emilio Pacheco- de que los gallos de Micoló eran unos que estaban amarrados frente a una peluquería homónima. Es posible que don Manuel Gutiérrez Nájera se haya referido a ellos, pero no me imagino a mujer alguna soñándolos, y sí a algunas yendo al palenque. Igual, puede que el poeta haya jugado con los gomosos y los peluqueros.

5 comentarios:

  1. Mi estimado Don Susanito, este relato no lo había leído en Tw ya que mi salida de ultratumba apenas fue este año, pero para no variar a lo que nos tiene acostumbrado es de 1er nivel.

    Le mando un abrazo su amigo cadete y felicidades nuevamente por su relato.

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  2. Que bellos recuerdos me trae este poema, recuerdos de mi educacion secundaria y que me encantaba que mi maestra de Español nos contara las anecdotas que giran en torno a este bello poema. No sabia que se le llamara Hemeneutica. Hermoso y mas Hermoso.

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  3. Comentario a Grupo Uno Chetumal: El poema no se llama "hermeneútica". La entrada habla de "hermeneútica de La Duquesa Job" porque es una interpretación que abre el significado del poema, que -por así decirlo- destraba sus partes herméticas (y ya me puse a jugar con las palabras, vaya).

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  4. Excelente post. Habia leido explicaciones a este poema pero ninguna tan completa.

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